sábado, 31 de julio de 2010

Pobre Derridá

Si le tuve resentimiento a Derridá quizá fue sólo por el profesor que me lo enseñó. Resulta que en verdad dice muchas cosas menos que las que me dijeron que decía. De hecho, Derridá mismo no dice casi nada. Es curioso reencontrar una copia vieja anotada con "¡Qué necio!" y "Dogma derridiano", junto a párrafos que hoy en día no me parecen nada escandalosos o siquiera originales. Sí pues, todo texto tiene múltiples interpretaciones, ¿y qué? Eso ya me lo enseñaron en el colegio, Derridá sólo lo dice con una retórica enrevesada. Y bueno, sí, el lenguaje es diferencial y arbitrario. ¿Eso no lo dijo Saussure al primer momento de empezar la Lingüística? ¿Se supone que esto es post-estructuralismo? Todo semiólogo estructuralistas tiene estos dilemas resueltos de entrada. Qué post ni qué nada. Quizás la única idea original, y a la vez la peor de Derridá, es la presuposición de que el lenguaje nos antecede, de que ya está constituido y casi nos puedo constituir. Como si el lenguaje apareciera realmente "todo de una vez", y casi como si apareciera solo. Pero claro, como cualquier escritor sabe, pero muchos críticos insisten en ignorar, el lenguaje es fácil de renovar y se renueva constante e intencionalmente. La intuición y la visualización, el razonamiento matemático y la imaginación sensorial anteceden a menudo en la experiencia personal a las palabras que a ellos se amoldan. Derridá sólo acepta esto en tanto el lenguaje evoluciona de forma natural e inhumana, pero no ve que quizás es incluso un factor más del juego el de la traducción entre los diversos sentidos, que constituyen una complejidad de la estructura mental en la cual el significado también excede al significante siempre y la existencia del espíritu y la conciencia persiste, en toda conciencia posible, de modo patente y precedente a los escasos datos que la grabadora puede recoger.
Pobre Derridá, atrapado en el lenguaje con su aprecio a las definiciones, que tanto pujar y paréntesis le cuesta rearticularlo. Sí, pobre de la humanidad que piensa como él. Pero en fin, a estas alturas, ya podemos verlo con distancia.

viernes, 30 de julio de 2010

Cosplay y libros

Una ocasión limítrofe la de los cosplays en la feria del libro, casi tan rara y limítrofe como yo. Es cierto, también promuevo activamente la hetorodoxa hipótesis de que el anime y el otakismo son formas culturales que deberían ser reconocidas por un ámbito letrado. Sin embargo, quizá no sentí que el mundo estuviera listo para esto. Además, también hubo exposción de fotos representativas de la "cultura chicha", con Tongo y Susy Díaz haciendo el ridículo. ¿No se estarían poniendo los cosplays entre comillas de la misma manera? Uno de los divertimentos que sólo es valorada por la cultura letrada en la medida en que valida su autoridad exclusiva para dictar los valores del mundo. No una mirada, sino una de esas rarezas del mundo que vale la pena diseccionar. No lo sé. Los que estuvieron ahí dicen poco, aunque dicen que fue diferente y eso resulta esperanzador, pero inverosímil. Escuché, indirectamente, que se debió a la inauguración del salón del cómic y la presencia de Quique Alcatena, excelso dibujante argentino con carrera independiente y en la DC dibujando a Batman. Aun así, los que hablan del evento sólo vuelven a explicar lo que ya sabemos, la definición del cosplay como tal y los casos de los cosplayers individuales. Más bien, el salón del cómic abre más claramente la pregunta de si la historieta no sería quizás justamente la articulación, el mediador ideal entre una cultura popular o friki y una cultura libresca. Así el cómic se pregna nuevamente de posibilidad. Lo que sigo esperando, en cambio, es que sus oportunidades de publicación empiecen a crecer de forma proporcional a su potencial.
En cuanto a mí, mi cosplay de Kaname Kuran quedó bastante cochino después del Otaku no Tono, pero la verdad sólo estoy poniendo escusas por las que no fui. Incluso si salía mal, hubiera sido una experiencia particular.

domingo, 11 de julio de 2010

Ducha

Bañarme con otro hombre me devuelve a la androginia de mi cuerpo. Veo mi piel blanca, mi vientre delgado, los huesos de mi pelvis, mis costillas. Sumamente sexual, pero no puede estar sexuado en la misma dirección que el cuerpo sólido, robusto y con vellos que se baña a mi lado, en la misma ducha, como si fuéramos hermanos. Quizás más que pudor es que siento no poder consumar el acto erótico inherente a mi cachonda desnudez, el sexo que mi cuerpo mismo me pide. Quizás, más que el no poder realizarme homosexualmente, lo que sucede es que el hombre junto a mí es de un género demasiado distinto al mío, y necesito, realmente, un cuerpo que de veras se asemeje para poder aparearme.

A S T A R T E - V I V I T - I N - C O R P O R E - M E O