jueves, 30 de octubre de 2008

Debate menardiano

Sucedió, pues, mi sustentación de tesis. La misma tesis que ya anunciara en este blog que había escrito hace año y medio, ligeramente revisada, con un par de notas al pie adicionales y cosas así, una escasa tesina de 32 páginas aunque creo bastante pretenciosa en su nivel de abstracción. Pierre Menard y su polémica obra invisible, su muerte como autor, como individuo, y también como cuerpo, despedazado por la irreconciliabilidad de sus textos múltiples y contradictorios tanto entre ellos como en sí mismos, incluso tanto como el mismo texto que lo narra. Tras mucha lucha, finalmente a mi archienemigo no le tocó estar en la mesa final de sustentación, y aunque el informante fue Eduardo Hopkins, quien me dió más combate fue el viejo y respetable (aunque ya no por todos respetado) profesor Ricardo Gonzalez Vigil, quien insistió varias y diversas veces en aspectos de mi posición radical que para él eran inviables. Admitió entre líneas, también, que el cuento sobre el cual estaba yo escribiendo al fin de cuentas no era de su agrado, que por lo tanto no discrepaba sólo conmigo sino también con Borges, pero acabó planteando un enfoque inusitado muy distinto al mío y temiblemente válido, donde acaso Borges estaría mostrando con la muerte de Menard el absurdo del Mot Juste frente a la subsistencia de la flexible trama de Cervantes, tantas veces traducido y reescrito. ¿Pude desviar, apañar o esquivar el golpe? ¿Quién podría juzgarlo más que el juez, quien ahora era mi opositor? Borroso el espacio del verbo invisible. Al final me vi haciendo una breve concesión muy parcial para dejar el debate en un punto estable. Luego, el profesor demostró no estar atacando seriamente, sino que, como a un cachorro de lobo, eran apenas mordidas para alentarme a mostrar mi capacidad de lucha y demostrar que él sigue siendo el maestro, aunque al fin de cuentas sólo hayamos ganado cercanía y confianza y él me apruebe, no con un epíteto en latín, pero sí con un Muy bien.Públicamente la tesis se volverá a presentar durante el XIII Coloquio de estudiantes de Literatura de la PUCP, el miércoles 19 a las 2 pm. El coloquio comenzará desde el lunes 17 y durará hasta horas después de mi presentación el mismo 19, en el auditorio de Humanidades, como siempre.

martes, 28 de octubre de 2008

El Diablo y los demonios

Dice San Agustín que Dios no creó el mal, sino que este es apenas la carencia del bien de Su perfección. Está aquí implícito, primeramente, el hecho de que todo aquello que se aparta de la perfección de Dios es en Su concepción maligno, que por ende mientras Dios y la realidad son una (aunque halla varios caminos para llegar a Él que concuerdan todos en Su unidad), las desviaciones son muchísimas, incontables, infinitas. A diferencia del Diablo único que concibiera LaVey y era necesario para fundamentar una iglesia (cuya página por cierto volví a ver hace poco y recordé por qué en un principio me pareció un ridículo, lo cual no obstante no tiene por qué ofuscar su teoría siempre y cuando la desliguemos de su práctica como persona), en relación con la curiosa paradoja del juego donde Diablo es nombre propio de un demonio más, yo planteo así la demonología como plural. Los demonios son como aquellos surcos negros carcomidos de termitas en las páginas del libro, pero como si estas carencias, estos huecos, adquiriesen por la gracia de nuestra todopoderosa concepción una calidad positiva. Aparece entonces la noción de cuán crucial puede ser el tema de la calidad positiva en asuntos teológicos, y de lo arbitraria que ha desmotrado ser esta desde que se plantease la idea de la diferencialidad. ¿Cómo se relaciona, en verdad, el poder reconstructor y dador de sentido del Übermensch logos, opuesto a la existencia de una archee apeiron inefable, con el tema de lo que está y no está, las presencias y carencias, si puedo tanto leer como activo el blanco como el negro? Pero si aun hablamos del apeiron contra el logos, entonces queda patente la relativa impotencia de la archee en la medida en que ha permitido surgir a este opositor que es el innegable punto de vista cogital, que el hecho de que haya existencia alguna se debe a que hay orificios y parcialidades y así deseo, y aquel orificio por el que surge el yo y el deseo opuesto a la necesidad imperativa para así quebrar el edén, ese es el demonio al que yo llamo Lilith.

viernes, 24 de octubre de 2008

No lineal

Caminando por el borde me veo colgando papeles de la pared para escribir de pie, de costado, de cabeza, una historia que no tiene ni principio ni fin, que gira alrededor de 24 horas de un día circular e inacabable, con todo numerado, todo promediado, nada que suceda. Pero, a pesar de todo, busco sacarlo a flote haciendo un texto con reiteraciones simbólicas, situaciones contrapuestas, opuestos simultaneos. Un texto que no es lineal ni temporal debe tener su estructura no de forma progresiva, sino tridimensional. Un texto con una estructura tan enrevesada es, en verdad, difícilmente repetible, pues encontrarle sentido a una estructura de este tipo puede resultar muy limitante y devolver a todos los textos al mismo punto de partida. Es, por supuesto, una fanfic. Los resultados del experimento son, a pesar de todo, al parecer relativamente negativos.

viernes, 17 de octubre de 2008

Arte y cultura

Reflexionando sobre cómo haré para al fin ganar un concurso de cuentos, llego a la conclusión muy evidente de que mi narrativa no satisface los gustos del crítico promedio. Por un lado, está claro que en Latinoamérica se cultiva y exige persistentemente una cada vez más decrépita y absurda tradición realista que gracias a su endogamia está dando engendros de lo más deformes que justifican su existencia sólo por representar malamente cierto año en el que fueron escritos. Pero claro, supuestamente es una muestra de cultura el saber lo que sucede con nuestra sociedad, incluso si demostramos que nadie sabe nada mediante nuestra propia ignorancia, son cosas importantosas de las que estamos obligados a hablar todo el tiempo, aunque no vallamos a hacer nada al respecto y los grandes narradores representan la mediocridad con más mediocridad para convencernos de que nunca podremos hacer nada y lo mejor es quedarnos de brazos cruzados. Y si no conoces la realidad de este país porque para tu desgracia eres del Curdistán o quizás sólo de la Guyana Francesa, pues no nos sirves para nada.
Hay, sin embargo, uno que otro narrador que ha logrado sortear los parámetros del utilitarismo marxista y dispensar de él por completo (en todo caso, los críticos buscarán escusas a posteriori de cómo esto sí es socialmente determinado y útil). En esos casos, sin embargo, se rescata el relato en base a su valor histórico (cosa que también ha venido sucediendo con El Empalador, por cierto, aunque ni siquiera ha logrado salvarse tanto), de la erudición que demuestra el escritor en materia de cultura occidental. Incluso entre muchos vanguardistas, la anciedad de influencia plaga los textos que pretendían liberarse de toda atadura pasada de una inmensidad de bichos mitológicos en negativo, de gigantescos pesos enciclopédicos de occidentalismo (tantísimas Marías de Mayakovsky, de Huidobro). Recuerdo ahora que antaño, en mis tiempos más vanguardistas, solía tener al arte por antónimo de cultura, pues la cultura es todo ese bagage milenario que define a un grupo humano cerrado, con una identidad colectiva, y le permite explotar a sus miembros y atacar a sus enemigos; el arte sería, según algunos, algo creativo, algo relacionado con la libertad. En base a esto habríamos de comprender cómo gran parte de los eventos literarios oficiales son culturales, y no artísticos.

martes, 14 de octubre de 2008

Anton LaVey

Esta vez he estado leyendo al infame Anton Szandor LaVey. La verdad, su idea de una "iglesia de Satán" siempre me pareció contradictoria en sí misma desde que oí de ella hace ya varios años, cuando recién me inciaba en el metal y el pensamiento blasfemo. Sin embargo, ahora que lo veo directamente, la verdad debo admitir que no es ningún pelmaso. Por momentos, incluso, me decepciona más bien por ser excesivamente razonable.

Debo a mi hermano el acceso al video y el libro. El segundo, me dijo, estuvo colgado incluso en el wikimedia hasta hace poco. Bueno pues, el infame LaVey no recomienda públicamente cosas que sean ilegales, más bien construye una religión que legitime las viejas costumbres y tradiciones que han mantenido viva a la humanidad e incluso a la iglesia, nos insta a "volver a aprender la ley de la jungla", la ley del más fuerte, la ley de Darwin, al fin y al cabo. Habría realmente que considerar a dónde lleva a una especie la abolición de la selección natural... Pero, a pesar de todo, incluso aunque LaVey promueva tanto la sana venganza como la inmunda naturaleza gregaria de los humanos, el primitivismo no alcanza a ser plenamente cavernícola en la medida en que incluye una segunda idea implícita: el que en verdad todo esto está en función de un liberalismo radical. Aunque a menudo hable de un imperativo "natural", también legitima formas anti-"naturales" de vida, de sexualidad, en la medida en que lo que realmente importa es el deseo del sujeto, cualquiera que este sea.
Se esperaría que la parte más pintoresca fuera la de la "magia" o "Los ritos satánicos". Efectivamente, quizás esta sea la que sea más interesante discutir y se preste a más interpretaciones. LaVey advierte desde el principio de su libro que todas las doctrinas mágicas previas se pierden en fantocherías para dominar el comportamiento de la gente. Su capítulo sobre hechicería pretende ir directo al grano. A primera vista, sin embargo, también me decepciona un tanto. En parte, también, por lo razonable: parte de la magia, después de todo, resulta científicamente explicable, lo cual la vuelve accesible, pero también muy aburrida, pierde (casi) todo su sentido de trascendencia y obscuridad. Pero después, de pronto, LaVey invoca toda una serie de símbolos radicales y arbitratios (muchos de ellos incluso forzando tradiciones de maneras no heréticas ni perversas, sino vulgarmente y/o descaradamente equívocas). Hace una larga lista de nombres demoníacos, aunque parece creer en un solo Diablo. Objetos, colores y frases deben ser usados en rituales sin mucha explicación. Esta parte pareciera caer por el extremo opuesto, en lo que los gringos llamarían mumbo-jumbo. Sin embargo, a pesar de todo eso, tampoco habría que perder de vista lo que LaVey señala como centro de la magia y el punto climático de cualquiera de sus rituales. Y que, en verdad, los símbolos mismos, aunque puedan estar estructurados entre ellos y parecer viejísimos, son siempre aribitrarios, reemplazables, improvisables. La mayoría de principios antimorales llevan a conclusiones compatibles con las mías, aunque también me motivan a tomar represalias más seguido, no por hacer un mundo mejor, como Kira, sino simplemente por darme el gusto. En ese sentido, sí es conveniente aprovechar el tiempo que me queda en la periferia. Después de todo, sí es un notable aporte el de LaVey al lado oscuro.

sábado, 4 de octubre de 2008